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Esta
música es un desafío para quien osa reseñarla y una
auténtica y sencilla delicia para quien la escucha.
Composición, improvisación y acuerdo de grupo, sería la
fórmula, el oyente pone el resto. El resultado es pura
belleza que no gira alrededor de ningún eje. Belleza
combinada y en equilibrio. Sería un error tratar de
colocarle un género y, ateniéndonos a Alex Ross (El
ruido eterno) podemos repetir que los géneros no existen
cuando hay atributos intrínsecos. ¿Quién puede decir que
Lonely Woman de Ornette Coleman es jazz, no-jazz, free
jazz? Esa composición, a título de ejemplo, es una
inclusión “lejana” en esta obra, compuesta de temas
interiores y meditados. Tres músicos fundamentales en el
panorama contemporáneo nos brindan algo así como una
nueva fundación de sonidos. Es nada menos que la función
que esperamos de los grandes creadores, a quienes
exigimos siempre más y más. No sobra decir que la
resolución sonora, la grabación propiamente dicha y el
procesado, es de gran calidad.
CARLOS SAMPAYO / CUADERNOS DE JAZZ 2010
★★★★
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Primeras
figuras del jazz de vanguardia europeo, con largos y
brillantes currículos tanto como líderes como al
servicio de diferentes maestros de la música improvisada
en varios continentes, Agusti Fernandez, Baldo Martinez
y Ramon Lopez debutaron como trío bajo el explícito
nombre de TriEZ en el Festival Jazzycolors de París en
noviembre de 2006. La excepcional calidad de los
numerosos conciertos ofrecidos desde esa fecha habían
abierto el apetito del aficionado por un grabación de
TriEZ, pero hubo que esperar hasta abril de 2009 para
que el trío se decidiera a entrar en un estudio y casi
otro año y medio más para que el producto de esos tres
días de trabajo en la primavera de Girona viera la luz.
En las jugosas notas que acompañan al CD se consigna que
Agustí Fernández considera que el repertorio que
interpretan es una mera excusa: "Lo que importa —dice—
es la manera en que tocamos, cómo escuchamos, cómo
reaccionamos...." Esas palabras de Fernández son
probablemente un ejercicio de falsa modestia o una
petitio benevolentiae, pero interesa prestarles alguna
atención.
Efectivamente, lo que más llama la atención al escuchar
este disco es la perfecta comunión entre los tres
intérpretes, a los que se diría casi animados por la
pasión de acercarse al misterio de la Santísima
Trinidad: que tres personas distintas formen un solo
ente verdadero. Cualquier consideración sobre el
virtuosismo que despliegan —innegable, los tres andan
sobrados de recursos técnicos— es accesoria; lo esencial
es la generosidad pasmosa con que interactúan, la
riqueza del diálogo, la unidad de propósito.
Dicho esto, las diez piezas que integran el disco son
cualquier cosa menos una excusa. Desde luego no lo es "Lonely
Woman": de la misma manera que Hans von Bülow se
enfundaba siempre guantes negros para dirigir la Marcia
Funebre de la Tercera de Beethoven, un músico de jazz no
se puede acercar al clásico de Ornette Coleman, una de
la melodías más hermosas y perturbadoras del siglo XX,
sin el mayor respeto y sin la voluntad sagrada de
ahondar en el enigma de esa mujer solitaria. Con una
exposición exquisita del tema por Agustí Fernández sobre
la percusión inquietante de Ramón López y un cierre
pleno de intensidad expresiva, TriEZ está a la altura
del desafío.
Las otras nueve piezas, cinco debidas al trío al
completo, dos a Ramón López, una a Baldo Martínez y "Anònim,"
el bello título que abre el disco, a David Mengual,
desmienten una a una la modesta aserción de Fernández.
Son todas ellas composiciones con sustancia, en las que
predomina el tono lírico que, por citar algunas
referencias obvias al hablar de Fernández, Martínez y
López, emparentan a TriEZ más con el trío de Marilyn
Crispell con Gary Peacock y Paul Motian (Amaryllis, ECM,
2000) que con, por ejemplo, el Feel Trio de Cecil
Taylor, William Parker y Tony Oxley (Celebrated Blazons,
FMP, 1990), aunque también hay atisbos de la ferocidad
rigurosa que es marca de las tres casas en piezas como
"Locura otoñal" o "Pasión intacta." Merecen particular
atención los dos únicos números medianamente largos de
un disco de una concisión destacable: "Bhimsen Joshi" y
"Mbira Of The Spirits," auténticos festines para quienes
saben apreciar la tornasolada riqueza de las percusiones
del insigne Chevalier des Arts et des Lettres (ningún
país como Francia para honrar a los grandes artistas)
Ramón López.
ANTONIO ALVAREZ BARTHE / ALLABOUTJAZZ.COM NOVEMBER 2010
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La
santísima trinidad del jazz patrio.Triez suma tres de
los mejores talentos de la improvisación en un disco
único."La música es una mano tendida, una voluntad de
encuentro, no un papel pintado que está ahí, estático,
detrás de ti. Tienes que ir hacia ella con los oídos
abiertos". Agustí Fernández habla con conocimiento de
causa. El pianista nacido en Mallorca, en el año 1954,
es uno de los mejores jazzistas españoles y lleva toda
una vida dedicado a la vanguardia, a las "músicas
improvisadas": "si volviera a reencarnarme en un
improvisador preferiría nacer en un lugar donde vivir de
esta música no fuera tan difícil... pero no pienso que
nuestra música sea difícil. Es una música que va hacia
el oyente".
Junto con Baldo Martínez (El Ferrol, 1959), contrabajo,
y Ramón López (Alicante, 1961), batería, ha creado el
que quizá sea el primer super-grupo en la historia de
las improvisadas en este país. Para Martínez, Triez, que
así se llama esta entente del mejor talento del género
en España, tiene mucho de sueño imposible hecho
realidad, porque, "si hacer vanguardia en cualquier país
es un hándicap, aquí lo es muchísimo más".
En su caso, quizá eso no sea tan verdad: Triez
(bautizado así por la terminación, tan castellana de los
apellidos de sus miembros) también ostenta el honor de
facturar música improvisada en una multinacional, en
este caso, Universal. "Conviene aclarar", se apresura a
afimar López, "que este disco lo grabamos sin saber
quién lo iba a publicar finalmente".
La música de Triez incluida en su disco de presentación
contiene también sorpresas variadas. Desde un homenaje
al padre del jazz moderno, Ornette Coleman -"me hizo
descubrir el jazz libre y es para mi un padre" (López)-
a una candorosa evocación cinematográfica, en Belle de
jour -"todos nos enamoramos de la burguesa-puta
Catherine Deneuve" (Fernández)- y otro tributo, al
cantante de khayal Bhimsen Joshi firmado por Ramón
López: "A mi llegada a París, en 1985, empecé a trabajar
la tabla con un maestro nepalés. Desde entonces, la
música india me acompaña. En Mbira of the spirits, López
interpreta uno de los instrumentos africanos mas
antiguos y misteriosos: el mbira (o kalimba), que es
sagrado para el pueblo Shona de Zimbabwe. "Hace un par
de años estuve dando un cursillo en Harare. Al final,
uno de los alumnos me regaló uno, que es el que puede
escucharse en la grabación".
Las actuaciones de Triez (la última, éste mismo verano,
en el festival Imaxina Sons de Vigo) se saldan con un
notable éxito de crítica y público. Y dan que pensar que
cuesta entender la reticencia de los programadores a
seleccionar una música que acaba por atrapar al oyente.
"A un programador le cuesta fiarse de su intuición y
apostar por gente de aquí", aclara Fernández. "Podríamos
compararlo con el modelo del Barça, apoyando a los
chicos del filial, y resulta que estos chicos son lo
mejor de lo mejor. También está el extranjero que viene
y cobra un pastón y sale en las revistas. Traducido al
jazz, es el músico que, por el mero hecho de ser negro y
americano, se supone que es buenísimo. El resultado es
que con nuestros impuestos estamos subvencionando a los
músicos norteamericanos y luego no queda dinero para
apostar con los músicos de aquí, claro".
Sus integrantes insisten: "Triez es un trío sin líder.
Como lo de la Santísima Trinidad. Tres músicos distintos
y un solo Triez verdadero", dice Fernández. Menos claro
queda que su música sea entendida por algunos como jazz:
"Duke Ellington, John Coltrane y Charlie Parker decían
que no hacían jazz sino música", apostilla el pianista.
"Si estos tres popes de la historia del jazz decían que
no hacían jazz, ¿qué hacemos nosotros? Habrá que
preguntarle al guardia civil de Sigüenza, que es el que
sabe de esto..."
CHEMA GARCIA MARTINEZ / EL PAIS 2010
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¡TriEz, por fin! Los que hemos tenido el lujo de
disfrutar de estos tres gigantes en directo esperábamos
ansiosos su debut discográfico, y las expectativas se
han visto colmadas. Fernández, Martínez y López, los
tres “ez”, abordan la libre improvisación con control y
sin los feísmos típica y tópicamente asociados al
estilo. Agustí Fernández es una garantía en lo que a
pintar armonías con brillo se refiere, Ramón López se
integra con gusto y sentido, en milésimas de segundo, en
el discurso de sus compañeros, y Baldo Martínez confirma
su camaleonismo desenvolviéndose con soltura en un
terreno que conoce a la perfección, si bien puede
sorprender a los seguidores de otros proyectos suyos.
En el CD encontramos momentos deliciosos (“Unos por
otros”, “Mbira Of The Spirits”), encendidos (“Locura
otoñal”), inquietos (“Pasión intacta”) y sugerentes (“Belle
de jour”). Es impresionante cómo los tres músicos pueden
dar sentido al caos (“Soltando lastre”) u otorgar
frescura a la enésima versión del ornettiano “Lonely
Woman”. La excelente calidad de sonido es el colofón de
un disco que, dada su publicación en Emarcy-Universal,
puede tener mucha proyección fuera de nuestras
fronteras. A ver si es verdad.
ARTURO MORA RIOJA / TOMAJAZZ 2010

Agridulce.
Se me viene a la cabeza de primeras este adjetivo
mientras paladeo con inmenso placer auditivo el primer
encuentro discográfico de los tres nombres que, por
distintos motivos, forman (para mí) la delantera del
Jazz español en este país: Ramón López por su increíble
libertad y gloriosa locura como improvisador gestionada
desde el "exilio" parisino; Agustí Fernández como
compendio de los lenguajes pianísticos más
experimentales del siglo XX (y XXI, claro); Baldo
Martínez por haber mostrado otro posible Jazz folclórico
en España más allá del Flamenco-Jazz. Evidentemente lo
dicho es una pincelada somera y reduccionista de unas
trayectorias personales llenas de matices que para los
aficionados son un manjar casi inabarcable, siempre
enriquecedor. Por fortuna hay cantera haciendo música
muy notable pero los tres, que viven en la década de sus
cincuenta (Ramón ingresará en ella en agosto del año que
viene), están en el momento de sentar cátedra con su
música. No por vanos virtuosismos sino por justamente lo
contrario: por saber de dónde quitar excesos para
quedarse (y quedarnos) con lo fundamental y hacer
Música.
Decía agridulce el regusto que me deja este disco no por
la música (excelente) sino por el futuro que le adivino
a su difusión. Seré breve con mis dolencias dado que
merece más hablar de la Música que de sus avatares. El
disco fundacional del trío entra en el catálogo de
Universal (a través de su filial Emarcy) pero no siempre
son las multinacionales las mejores difusoras de sus
productos "menores". Por otro lado la música está a tal
nivel que el trío es, sin duda, carne de exportación
internacional (tal como está ahora la economía España
¡¡¡necesita exportar!!! ¡¡¡¡Que el Arte rebaje nuestro
déficit fiscal!!!!) pero me temo que, como siempre, en
tierras ibéricas pasará inadvertido fuera de los
círculos de la causa. Y ya no lloro más (podría).
Hablemos de Música.
Cinco improvisaciones colectivas, dos partituras de
Ramón López, una de Baldo Martínez y versiones de Lonely
Woman de Ornette Coleman y de Anònim de David Mengual
son el material que nos proporciona su paso por el
estudio de grabación. Resulta cuando menos curioso que
no aparezca la firma de Agustí Fernández (experimentado
compositor) pero no resulta relevante, máxime cuando
estamos ante un trabajo en el que impera la
improvisación y en el que las composiciones, al margen
de las versiones, son más bien ambientales y abiertas
(casos deBhimsen Joshi y Spirit of the mbira de Ramón
López) o rítmicas (la fragmentaria Locura otoñal de
Baldo Martínez). Priman las texturas y los juegos
sonoros (con el ya tradicional tratamiento percusivo y
arpístico de las cuerdas del piano; también se percuten
las del contrabajo) sobre las estructuras y hay tanto
espacio para un cierto lirismo intimista - que tan
brillante resultara en el Aurora de Agustí con Ramón
López y Barry Guy en 2006 - como para un lenguaje más
nervioso y obsesivo. En esta última línea se encuentra
la Pasión intacta que surge de la libre improvisación
colectiva que, sin embargo, tiende por lo general a una
mayor contención, a una tentativa más o menos melódica y
atonal, especialmente lograda en la bellísima Belle de
Jour en la que el piano de Agustí guía melódicamente
mientras Baldo responde con un precioso y (muy) cálido
sonido del contrabajo. Ramón, que ha hecho la llamada
introductoria con los tambores, va construyendo una
estructura rítmica con la tabla india (más el apoyo
colorista de los platos) que va y viene hasta
desvanecerse en un ejercicio de sutileza que impregna
esta maravilla.
La experiencia con la música india (y en la India) de
Ramón López hace tiempo que enriqueció su sonido (en
este disco con homenaje incluido al octogenario cantante
Bimshen Joshi) así como su experiencia con la música
africana (y en África) con Joachim Kühn y Majid Bekkas
(con dos ediciones discográficas y en espera de una
tercera ya grabada) que nos ha permitido otro momento
mágico en este disco con Spirit of the mbira en el que
incorpora la mbira (o kalimba, quizá su más conocida
denominación), un instrumento de láminas que se pulsan
con los dedos sobre una caja de resonancia que en este
caso cuenta con el "arpa" de Agustí como marco sonoro en
una primera parte que suena a nana (también Baldo
acompaña discretamente dándole sentido armónico a la
música) hasta que, de pronto, tras detenerse, se
establece un juego rítmico con tres niveles: el de un
excitado, percutido y rasgado contrabajo de Baldo y el
del piano de Agustí Fernández que percute igualmente con
cada vez mayor nervio hasta casi retirarse cuando Baldo
toma el arco. El tercer nivel lo trabaja Ramón López
sobre los tambores con una insistencia circular
aparentemente disociada de sus compañeros.
Hay muchas más aristas y rincones dignos de atención en
este primer disco de TriEz pero, por encima de todos
ellos, permanece el placer que una escucha exigente
(audición activa y atenta) proporciona y en la que
resuenan e identifican las identidades de tres músicos
díscolos e inconformistas que se han encontrado en un
momento muy oportuno de sus carreras.
CARLOS PEREZ CRUZ /
EL CLUB DE JAZZ.com
2010
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